Te pondría el corazón en las manos como se deja un objeto frágil sobre una superficie firme. Con vos, el ruido cesa. Las alarmas se apagan solas. Nada empuja, nada exige. Confiar no es cerrar los ojos, es aprender el equilibrio justo de lo que no cae. Hay presencias que no prometen sostener y aun así ordenan el mundo. Amarte es eso: una calma que no se nombra, una certeza sutil que se queda sin hacer ruido.