Te pondría el corazón en las manos
como se deja un objeto frágil
sobre una superficie firme.

Con vos, el ruido cesa.
Las alarmas se apagan solas.
Nada empuja,
nada exige.

Confiar no es cerrar los ojos,
es aprender el equilibrio justo
de lo que no cae.

Hay presencias
que no prometen sostener
y aun así
ordenan el mundo.

Amarte es eso:
una calma que no se nombra,
una certeza sutil
que se queda
sin hacer ruido.

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